47 años: una mirada sobre el Hip Hop en su aniversario

Ago 31, 2020

Sebastián Herrera

Sebastián Herrera

Editor y autor

Amante del Hip Hop, politólogo y escritor. Co-director y cofundador de Diáspora 15-20.
Africanía en mi escritura, liberación en mi premura.

El pasado 11 de agosto, se cumplieron 47 años de la fiesta que organizaron Dj Kool Herc y su hermana Cindy Campbell en el 1520 Sedgwick Avenue, un edificio de apartamentos en el Bronx neoyorquino.

El mismo día que celebrábamos un aniversario más de este hito, considerado como el nacimiento del Hip Hop por muchas razones, ocurrió la masacre de cinco menores de edad en Llano Verde, un barrio periférico del distrito de Aguablanca, al oriente de la ciudad de Cali. Este acontecimiento desgarrador nos recuerda que vivimos en un mundo racista, colonialista, inhumano, dividido en clases y colores, indolente ante el sufrimiento de las mayorías empobrecidas que ocupan las fronteras de las grandes urbes de nuestro continente.

En un contexto sociopolítico muy similar al actual, nació nuestra cultura y cada tanto nos demuestra que es una llama viva para la juventud suburbana, esa juventud que le dio vida y la ha visto crecer desde 1973 hasta hoy.

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Flyer de la fiesta de Dj Kool Herc y Cindy Campbell.

Un poder impetuoso

Una década después del inicio de las fiestas de Kool Herc, el Hip Hop ya se había propagado por casi todo Estados Unidos. Dos décadas después, ya se había extendido por el continente y se estaba tomando el resto del mundo. Es innegable que el rap, género musical por excelencia del Hip Hop, impulsó significativamente esta expansión diaspórica pero el djing, el emceeing, el graffiti y el breakdancing o breaking, lo convierten en una cultura en su totalidad, no sólo en un género. Por eso los concebimos como elementos.

Ya sean cuatro, cinco (mc, dj, bboys y bgirls, graffiti y conocimiento) o nueve, estos elementos son las bases y gracias a ellos, este movimiento tuvo presencia en todas las áreas artísticas desde su génesis. En la década de los noventa, cuando transcurría lo que se ha llamado la ‘era de oro del Hip Hop’, ocupó además los lugares de la industria musical, del entretenimiento y de la moda.

Desde entonces, es un fenómeno mundial. Su potencial transformador brindó una alternativa pacífica y comunitaria en los frenéticos suburbios de New York, redefinió las artes con rebeldía callejera y creatividad, llamó la atención de los medios, desafió el poder constituido. Un sinfín de formas en que el Hip Hop ha demostrado su ímpetu. Sin embargo, pareciera que de un tiempo para acá ese poder solamente se usara para llegar a los primeros lugares en las listas de música. Se ha usado principalmente para masificar el rap. No está mal, pero esa es la razón por la que frecuentemente los términos rap y Hip Hop se confunden en la cabeza de mucha gente.

El mercado los ha confundido a propósito y los ha usado indistintamente. Si el poder del Hip Hop fuera totalmente aprovechado en su esencia, no sólo se reflejaría en los récords y premios musicales que el rap consigue, sino en un futuro diferente para quienes habitan los barrios marginales donde nuestra cultura vive y se reproduce.

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Los Nueve Elementos, según la teorización de KRS-One y el Templo del Hip Hop.

 

Suficiente hip-hop, necesitamos más Hip Hop

Hiphop (conciencia colectiva), Hip Hop (cultura) y hip-hop (productos). Es la explicación que da KRS-One sobre las distintas acepciones del término.

El hip-hop ha tenido un éxito rotundo en el mercado, gracias a las innumerables mercancías que produce, complaciendo la diversidad de gustos y definiendo tendencias periódicamente. No obstante, cada año que pasa parece que el Hiphop y el Hip Hop se van condenando al olvido. Hay que adentrarse en el ámbito suburbano para encontrarse con el fervor y la devoción que se les rinde todavía.

No creo que la existencia de nuestra cultura esté amenazada pero su esencia sí puede desdibujarse si se sigue trivializando a través de la simple comercialización de sus productos. ¿Y cuál es la esencia del Hip Hop? ¿Es el espíritu festivo de las originarias block parties o el mensaje contestario del rap más crudo? ¿Son las sagradas técnicas del deejaying, los power moves del breakdance, el micrófono y las rimas, o la pintura?

Seguro que es todo eso junto, unido a la capacidad de cuestionar lo establecido, de dar esperanza a las comunidades despojadas y carentes, de incentivar la superación colectiva y las ganas de aprender. El Hip Hop retrata, registra y narra perfectamente lo que pasa en las calles donde casi nadie quiere entrar. Lo bueno y lo malo, lo triste y lo alegre, la celebración y el luto, la muerte y la vida. Por eso necesitamos multiplicarlo.

Los sistemas educativos y la academia deberían ponerle más atención a las herramientas que brindan los distintos elementos. Una pedagogía Hip Hop podría solucionar el problema de la deserción escolar, el desánimo y la falta de estímulos para la formación.

Los movimientos sociales, los partidos progresistas y los liderazgos de izquierda deberían buscar en el Hip Hop las respuestas para construir sus programas y sus formas de hacer política; sin instrumentalizarlo, como muchos han hecho hasta ahora, sino teniendo en cuenta su contenido y expresiones, que no son otros que los de la base marginal de la pirámide social.

Hace falta más Hip Hop en los espacios de la vida cotidiana, para que el peso titánico de las selvas de cemento sea más llevadero. Cerca de cumplir cincuenta años gritando verdades coloridas y a la vez duras, es hora de que lo escuchemos detenidamente.

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1520 Sedgwick Avenue, edificio donde se realizó la mítica fiesta del 11 de agosto de 1973.

Amar el Hip Hop sin idealizarlo

El Hip Hop no es una cultura perfecta ni acabada. En su interior tiene múltiples conflictos; está marcado por el frenesí callejero, por el instinto de supervivencia, por el machismo, por las envidias, las contiendas y las muertes violentas.

Personajes siniestros han venido, han tomado lo que quieren de él y se han marchado, nos han arrebatado grandes artistas, conspirando contra ellos y quitándoles la vida. Magnates ajenos a este movimiento han explotado a su gusto a muchos talentos del gueto; extranjeros con dudosos intereses han venido a nuestras tierras y se han robado parte de nuestro patrimonio.

Creo que se puede amar esta cultura sin idealizarla, conservando la aptitud de criticarla, de querer mejorarla siempre, de estudiarla con la profundidad que merece, de respetar toda la historia, espiritualidad y ancestralidad que conserva en sus entrañas.

El Hip Hop, siendo una expresión más de la constelación cultural negra, siempre será subestimado y denigrado desde alguna orilla. Hasta que el mundo deje de ser racista y ponga a África en el lugar central que merece por ser cuna de la humanidad, todo lo que provenga de ella va a ser apropiado, tergiversado y blanqueado.

Por fortuna, hay quienes lo defendemos, le entregamos nuestra energía y tiempo, trabajamos para engrandecerlo y lo cuidamos por lo sagrado que es para nuestra gente. Somos millones los que conformamos esta gran familia y este movimiento inteligente.

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