‘UN AMOR OTRO PODRÍA REVOLUCIONAR EL ORDEN DE LAS COSAS’: JHT

Ene 20, 2020

Julián Roncancio

Julián Roncancio

Autor

Escribo para preservar la memoria y no perdernos en la desidia del olvido. Ganador del Premio de Periodismo Cultural para las Artes.

Han pasado casi 16 años desde que JHT debutó como solista después del final de Conexión Frontal. Desde entonces han sido lanzados siete álbumes, en menos de un mes llegará el octavo: The Love Concept. Un disco que promete dedicarse por entero a un tema que ha sido constante en su música, pero del que no se ha hablado mucho: el amor

Trató de explicarlo en canciones como Lazos Afectivos o ¿Amor?  Compuso historias que lo tenían como elemento central –Los Hamantez, Verónica-  también le dejó al público una selección de canciones para dedicar, Quererte o Eres tú para mí, son ejemplos de ese repertorio.

Su música también ha venido cambiando, los beats han incluido sonidos diferentes y él mismo ha sido partícipe de ellos. Sus letras también han sido más profundas y estudiadas. Su nuevo álbum sin dudas será muestra de ello.

Le escribí para preguntarle no solamente por su disco, sino también para conocer su opinión de lo que recientemente viene pasando en nuestro continente y en el mundo. Movilizaciones y protestas en Latinoamérica, efectos del cambio climático que incendian Australia, y misiles, drones y bombas en Medio Oriente.

Para resumir, podríamos decir que ésta conversación aborda casi todos los elementos esenciales para vivir: rap, amor y política.

‘Cumbia Trip’ y ‘No Worries: Kalimba Lo Fi’, sus dos más recientes lanzamientos son instrumentales, ¿Habrá pronto un beat tape de JHT?

Me encantaría publicar discos de instrumentales, es algo que de verdad me apasiona. También tengo en mente proyectos cortos en los que busco experimentar con la escritura desde lo fantástico, manejando dinámicas sociales de manera no tan directa como lo he venido haciendo en los últimos 10 años. “The Love Concept” será probablemente mi último disco escrito de esa manera.

 

Iniciando Febrero se vendrá su octavo álbum, The Love Concept ¿Ha cambiado el concepto que tenía del amor y que expresó en canciones como ‘¿Amor?’ y ‘Number One’, al que tiene hoy en día?

Respecto a “¿Amor?” y “Number one” sí, ha cambiado totalmente, aunque aún guarde profundo cariño a esas canciones. Temas como “Lo que haga por ti” se acercan más al concepto de amor que manejo en mi nuevo disco, me refiero al amor como un fenómeno social que necesita ser estudiado.

El álbum se lanzará en Febrero, mes que Occidente ha relacionado con el amor ¿es una coincidencia o es algo voluntario?

No lo había visto de esa forma, fue una coincidencia. Tomé esa decisión porque quería el álbum con fecha 2020 y en particular ese día (febrero 7) es mi cumpleaños. Sin embargo, no me cae mal pues creo que las personas que somos constantemente marginalizadas y buscamos algún tipo de apoyo/reparación a nivel económico tenemos que ser estrategas con todas esas fechas comerciales del calendario gregoriano, los algoritmos de internet, etc.

 

Es algo que toco en el disco: una contradicción en la supervivencia, una economía alterna (como independiente) que de igual forma funciona dentro de la economía capitalista, la cual es un proyecto no ético constitutivo a un sistema supremacista blanco, anti-negro, anti-indígena…pero es lo que hay. Hasta que colectivamente tengamos la lucidez de inventar algo nuevo.

 

En Facebook ha escrito que ‘The Love Concept’ es un álbum bonito ¿A qué se refiere?

Digo que es un álbum bonito porque a nivel musical experimento con muchas texturas y atmósferas sonoras, también porque a nivel intelectual propone la búsqueda de un amor otro. Es algo que de seguro va a sonar radical a muchas personas, otras se pondrán furiosas, pero creo 100% en mi propuesta como alternativa.

En Tambores de Agua, concretamente en la canción Tlazolteolt, hay una referencia de lo que ha dicho Nach sobre el amor, ¿en qué se diferencia su concepción sobre dicho sentimiento a la de él?

El amor se tiende a leer como un mero “sentimiento” y punto. Sólo algunos/algunas artistas o académicos entienden que también es una construcción social, que si bien es algo abstracto NO escapa a los intereses del sistema que vivimos. Lamentablemente  las personas que entienden esto lo hacen desde una postura postmoderna, critican al amor romántico y al “patriarcado” pero nunca ven lo racial.

 

En otras palabras, tienen una visión descolorida al respecto y vaya que eso es conveniente si el cuerpo que habla es la norma. Nach es ejemplo de eso y no es casualidad que nadie lo cuestione pues es el 2020 y aún las personas de color/negras en Latinoamérica estamos profundamente colonizadas/blanqueadas.

 

Mi propuesta es diferente en el sentido que llevo años estudiando una cartografía del amor sin ignorar el peso del racismo, no como “discriminación” o “xenofobia” sino estructura global paradigmática de poder en la que unos cuerpos gozan de humanidad en detrimento de otros.

 

Racismo como fundamento posibilitador del mundo actual. Lo que llamamos “amor” no escapa a estos fenómenos sociales, de hecho creo que es  crucial entenderlo y es allí donde veo el carácter  innovador del álbum: un amor otro (en diferencia al amor del opresor/opresora, el que tenemos por legítimo) podría revolucionar el orden de cosas.

 

 

Volviendo a las redes sociales leí en un post de Facebook que intentó ingresar a una Universidad en Londres porque su anhelo es ser profesor, ¿Por qué no estudiar en una Universidad de América Latina, por ejemplo, las que han sido fundadas por los pueblos “indígenas” y los movimientos sociales?

Precisamente en mi escrito lo que realmente traté de explicar es cómo allá aún se tiene por excelencia las universidades de Europa, por encima de las Latinoamericanas. Para nadie es secreto que hacer especializaciones en Europa es la acreditación más “grande” del ámbito laboral y académico.

 

Al mismo tiempo ¿qué diferencia hay entre una universidad de Latinoamérica y una de Europa? Es una diferencia de status social en la hoja de vida, pero NO hay diferencia al ser una institución racista cuyo currículo blanco es el paradigma de educación “superior” exportado a nivel global. Da igual si uno estudia en París o Lima, el currículo es dictado por los dueños de este mundo (blanco). 

 

¿Cuáles son las universidades “indígenas” o de los movimientos sociales? He sabido de unos pocos casos que fracasaron precisamente porque entendían lo que estoy diciendo y se atrevieron a proponer algo distinto.  De resto muchas de esas universidades “indígenas” o de movimientos sociales no representan ninguna diferencia pues parten desde el mismo currículo blanco (la versión liberal o “progre”), aunque usen cuerpos oscuros desde políticas identitarias o representaciones superficiales.

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Fotografía del archivo de JHT

Precisamente en América Latina se está viviendo una explosión de la movilización social, Colombia no ha sido la excepción ¿qué piensa sobre lo que está pasando?

Me alegra profundamente que haya manifestaciones y que la gente salga a protestar, eso es síntoma visible del inconformismo general en un mundo que está acabando con el planeta.

 

Sin embargo, también veo mucha confusión y desde ese punto de vista las protestas terminan por ser estériles, como por ejemplo decir que a “Dilan lo mató el estado-nación” mientras visten la bandera de un estado-nación a manera de capa revolucionaria o exigir educación gratuita sin entender lo racial: la protesta debería ser eliminar ese currículo global blanco como hacen algunos negros en Sudáfrica; en últimas destruir las instituciones académicas tal como las conocemos y construir algo nuevo.

 

También me preocupa cómo las manifestaciones terminan por ser estetizadas y manufacturadas dentro de un ego abrumador perfeccionado en redes digitales. Es innegable que para muchos fue un hashtag y eso es algo que tiene que ser discutido. A veces termina por ser otro fetiche en este mundo de apariencias.

 

Ni hablar del hecho que en la gran mayoría de los casos las voces se formulan desde la mirada del opresor y la opresora pues allá lo racial no se habla o es un mero pie de página. Casi todas las voces hablan desde el liberalismo blanco y el humanismo europeo, sus conceptos de “liberté, egalité, fraternité” y la revolución francesa como molde a seguir, sus conceptos de democracia, sus derechos “humanos”, el feminismo blanco, etc.

 

Eso resulta conveniente para algunos/algunas, pero mortal para otros, no damos cuenta de ello en gran parte gracias al mestizaje como proyecto de borramiento corporal y de memorias.

Fotografía de Luis Robayo/Agence France-Presse — Getty Images

En Australia se vive una ola de incendios que está acabando con la fauna y los bosques de ese país, hay una tensión militar entre USA e Irán, ¿Hay esperanza para el planeta o está condenado a la destrucción?

Para ser honesto últimamente he perdido la esperanza pero trato de no desfallecer. Llevo años estudiando estos fenómenos, no solo desde libros, también desde prácticas cotidianas en las trincheras, analizando el mundo/planeta al viajar, conversar, escuchar distintas voces, etc. Nunca he sido un tipo privilegiado, siempre he trabajado duro; aun así no me considero “clase obrera”.

 

Entender la historia y todo lo que nos fue mutilado es suficiente para distanciarnos de los análisis de clases y sus marcos categoriales.

 

Después de Trump pensé “ahora sí vamos a tener una conversación seria” y ha pasado lo contrario: las negaciones son más profundas, nos pensamos desde la mirada y los genitales del opresor/opresora, estos últimos no han tenido la humildad de guardar silencio allí donde sus voces y “soluciones” no han hecho más que dañar y confundir, no han sido capaces de dar dos pasos atrás.

 

Y nosotros estamos en tal posición de mamarrachos que seguimos asintiendo, poniendo la otra mejilla, perfeccionando las negaciones. Pienso sinceramente que para lograr un planeta más sano e igualitario es necesario resaltar nuestros verdaderos antagonismos lejos de pensarnos desde conflictos intra-blancos (la derecha, la izquierda, los liberales, los conservadores, la segunda guerra mundial).

 

En fin, es más profundo de lo que se piensa pero hay una negación masiva en Latinoamérica pues es más fácil cogernos de manos y decir “todos somos iguales” desde banderas de colores. Resaltar nuestras posiciones antagónicas significaría de verdad crear algo nuevo.

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