Manteniendo la esencia del Underground, Redcode lanza ‘Felipe’

Ago 8, 2020

Julián Roncancio

Julián Roncancio

Autor

Escribo para preservar la memoria y no perdernos en la desidia del olvido. Ganador del Premio de Periodismo Cultural para las Artes.

Desde el fondo de un salón pequeño, en un evento clandestino en plena cuarentena, mientras veía personas emocionadas coreando letras, disfrutando como nunca de la música, recordé aquella frase de Papá Humbertico “Hip Hop es una causa por la que realmente se lucha, es algo por lo que se vive, por lo que se muere”. Allí estaba Redcode, una de las promesas del underground bogotano, estrenando ‘Felipe’, su último álbum.

Llegué bien entrada la tarde, apenas comenzaba el concierto que había preparado Guillermo para ofrecerle a sus seguidores. Di con el lugar después de recorrer algunos caminos angostos y desordenados, como si estuviera pasando por los mercados populares de la antigua Atenas. Precisamente, en su homónimo en Suba, un barrio ubicado a las orillas del humedal Tibabuyes, estaba el lugar de encuentro.

A la mitad de una cuadra, casi imperceptible para miradas rápidas y foráneas, una puerta negra con cintas de peligro y un graffiti en un muro que parece ser la primera construcción del segundo piso, indicaban que había dado con la casa correcta. Nadie podía advertir lo que estaba pasando allí, a menos que se detuviera frente a la entrada. Habían encontrado la manera perfecta de burlar las restricciones de la cuarentena.

Redcode, fotografía de © Julián Capera

Hace un año había llenado la Plaza Fundacional de Suba en el lanzamiento de ‘Directrices’. Esta vez solo serían 21 personas quiénes tendrían el privilegio de escuchar en vivo por primera vez, los versos del nuevo disco de Redcode. Habían comprado la entrada que les daba derecho a vivir unas horas de rap subterráneo, underground, del que poco se encuentra en digital y que se guarda cual tesoro en un disco compacto.

Quién estaba tras bambalinas, sin llamar la atención, pasando desapercibido como un asistente más del evento, era un viejo conocido del freestyle, uno de los encargados de posicionar a la localidad once, como una de las plazas más importantes de la ciudad para las batallas de improvisación. Barbero de profesión, ha hecho del Hip Hop su vida, Cristián, o Criga, como lo conocen, ofreció el espacio, en el que esa tarde noche, la música, con su poder envolvente, uniría a los artistas con su público en un mismo sentimiento: el amor al rap.

En el lugar también estaba Blomn el Clandestino, Penyair y Jocklan, más que colegas, amigos de Redcode, y representantes de tres momentos diferentes del rap en Suba: la generación que está iniciando, los emergentes que están consolidando su carrera y, aquellos que ya llevan muchos años y han inspirado a otros a rimar.

Redcode junto a sus colegas y amigos, entre ellos, Penyair y Jocklan  © Julián Capera

Ellos fueron los encargados de iniciar la fiesta en un rito siempre igual: sales a cantar, tus parceros corean tus letras, luego van ellos y tú repites con fuerza sus canciones. El rap es competencia, pero estas muestras de respeto y hermandad son indispensables en el Hip Hop.

Todos ellos tienen algo en común: su casa, su inspiración, el lugar para conocerse y también para retarse es Suba, una de las localidades más pobladas de la ciudad y también de las más desiguales.

Al noroccidente de Bogotá, una montaña une al Cerro de La Conejera con la parte más grande del Humedal Córdoba (extrañamente convertido en el lujoso club Los Lagartos). Por una cara de ésta se alzan ostentosas e inalcanzables las mansiones y apartamentos de Calatrava, Niza y Sotileza, por la otra, barrios populares que son el hogar de muchísimas familias, El Jordán, Ciudad Hunza y El Tabor, parte de uno de los sectores más humildes de la ciudad: El Rincón.

Desde esa loma, Redcode ha estado haciendo rap casi toda su vida. Relatando un sentimiento que lo ha conectado no solamente con un público que se siente identificado en sus letras, sino también con otros rappers de gran trayectoria en la ciudad como Cariñito y el exintegrante de Crack Family, Manny. Y en los años recientes ha ganado un compañero de batallas y tarimas: DeeJay Mook.

Vista de Suba desde el Colegio Ciudad Hunza, en la parte más alta de El Rincón.  © Paola Duarte

“El ‘American Dream’ fue el inicio de Felipe’’, me cuenta Mook después de terminar el show con Redcode, una noche de julio, en el pequeño salón donde lanzaron el álbum. Se refiere a la canción que había sido publicada varios meses atrás y que terminaría siendo el primer paso, del camino que llevó a la creación del disco.

Es un track, que lejos de hablar del acostumbrado anhelo de irse a vivir a Estados Unidos, nos relata que su sueño americano es el que está viviendo, su carrera en el rap comienza a propulsarse y está disfrutando ser padre. Y a pesar de que le cante a su hijo que no le va a dedicar una canción, sino que mejor le escribirá otra frase, termina entregándole el álbum completo.

‘Felipe’, es un disco que deja escapar algunas palabras para su heredero, sin embargo, la idea central y el sentimiento que transmite es otro. Nostalgia, incertidumbre y desesperanza, pero también el deseo profundo de no rendirse, todo ello fruto de la carga emocional que estos tiempos dejan. El virus y la cuarentena que se extienden indefinidamente y dan forma a los nuevos días, hacen que el futuro, siempre incierto, ahora parezca apocalíptico.

‘American Dream’, el primer adelanto de ‘Felipe’.

A pesar de que esos sentires no son nuevos en su rap, cuando canta frente al público la situación es diferente, no hay tristeza en ningún lado. El ambiente se llena de la energía que desprende la voz de la gente repitiendo con emoción sus canciones.

Parece un exorcismo mutuo, Guillermo escribe las letras y Redcode las interpreta, desahogándose con música de todos esos demonios que lo atormentan, dolores que su público hace propios, que también comparte, y que al final terminan olvidados en una estela de felicidad que deja el éxtasis de cantar lo que se siente muy profundo.

En la mitad de su presentación, Jocklan lo abraza. ‘Gracias por esto’, le dice. Redcode se voltea y mira feliz a su público, ‘Gracias por esto’ les repite. Una hora antes, me había contado que no ganaba dinero con el evento, pero quería hacerlo, lo necesitaba. Lo que recogió con la venta de los discos fue destinado para pagar el sonido y los artistas que lo acompañaron. En este año tan atípico los conciertos fueron los primeros en irse y quién sabe cuándo vuelvan.

Su show avanzaba cuando inesperadamente se detuvo, pidió silencio al público y agregó que necesitaba toda su atención. Dj Mook da la entrada a un beat melancólico y Guillermo canta con dolor:

 

El amor a medias a ninguno le sirve, le piden que sea hipócrita pa’ ser llamado humilde

 

El sol también ha quemado mis pieles y en nombre del rap, al rap seguimos siendo fieles

 

El sur gritaba por ayuda, miradas agudas, más las bocas seguían estando mudas

 

Presa del sueño que entorpece mi destreza, hay turbulencias adentro de la nave

 

quiero volver a casa en una sola pieza y que mis errores, ninguno otra vez alabe

 

Con esta canción cierra ‘Felipe’, pero no les voy a decir cuál es. Compren el disco, es el mejor consejo. Su portada con versiones y colores diferentes, al juntarlas forman la cara de su hijo. Solo unas pocas ediciones especiales contienen la imagen completa. De esas ya no queda ninguna.

Portada de la versión especial de ‘Felipe’. Tomado del archivo personal de Redcode.

Un concierto en cuarentena, nada más underground. Esta última es una palabra con muchos significados. Rxnde dijo alguna vez que es una actitud frente a la vida, seas o no seas rap. Pero si nos detenemos en la música, podríamos decir que se refiere a un sentimiento, al amor al rap, a un respeto tan profundo por sus letras y su sonido, tan así, que no permite que sean creados con alguna motivación comercial.

Acá lo de menos es el dinero, es mucho más importante lo que se dice. Es ser leal al barrio, al lugar donde creciste y demostrarlo con tu música. Una postura difícil en un mundo acelerado que se mueve con dinero y en el que casi todo es un negocio. Sin embargo, aún quedan quienes prefieren darle un lugar sagrado y conservarlo así. “Si los raperos no respetan el rap, ¿entonces quién lo va a hacer?”, me dijo Redcode.

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