“El cine es una de las grandes mentiras del siglo XX y XXI”: Carlos Zapata

Sep 11, 2019

Julián Roncancio

Julián Roncancio

Autor

Escribo para preservar la memoria y no perdernos en la desidia del olvido. Ganador del Premio de Periodismo Cultural para las Artes.

En pleno corazón del Chicó al norte de Bogotá, nos recibió Carlos Zapata. Su nombre ha venido siendo recurrente en el gremio del rap de la ciudad. Y no es para menos, en 2013 dirigió el vídeo de la canción ‘Maquiavélico’ de Canserbero y antes hizo lo mismo con ‘Mi verdad’ de Rapper School. El año pasado estrenó con Cejaz Negraz el audiovisual de ‘Callejones & Escalones’ y a inicio de éste, junto a Realidad Mental, lanzaron ‘Alcances de la Maldad II’.

Pero, sin lugar a dudas, lo que mayor reconocimiento le ha traído es la película ‘Las Tetas de mi Madre’, que fue lanzada en 2015 y presentada en festivales cinematográficos de México, Chile y España, además de obtener premios como Mejor Película del Festival de Cine Colombiano en Nueva York, o el Work in Progress del Festival Internacional de Cine de Santiago de Chile.

Esta película cuenta la historia de Martín, un niño que descubre a su madre trabajando en una cabina de striptease a la par que conoce a ‘Cacharro’, también de su edad, pero dedicado al cuidado de su madre adicta y a vender bazuco.

Juntos recorren las entrañas pobres del centro de la ciudad, buscando dinero y resolviendo sus situaciones familiares. Todo ello ambientado con la música de Crack Family, un aporte preciso, pues sus letras recrean a la perfección la trama de la película.

Para su nuevo largometraje, Realidad Mental y El Sonido del Javier se encargaron de realizar la banda sonora. Su nombre es ‘Topos’ y desde ya levanta intriga en una audiencia que recibió con agrado su anterior producción.

Hablamos con él de sus películas, del cine colombiano y, por supuesto, del rap en nuestro país.

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Carlos Zapata. Fotografía de © Eagle Eyes.

¿Cómo fue el proceso de creación de ‘Las Tetas de mi Madre’? ¿De dónde sale la idea?

Desde que yo estaba en la Universidad. Yo tuve un choque muy hijueputa, porque venía de barrio, y cuando entro al ‘Poli’ eso era una plaga llena de ‘gomelos’. Yo me vestía con pantalón ancho, buzos grandes y la onda de mirar mal a todo el mundo. A mí me tocó ese choque de: cambio o no voy a encajar en esta caja de pollos.

 

Y ahí comenzó una especie de transformación para mí y también una negación: de dónde yo venía, lo que yo era. Con el pasar del tiempo comencé a entender y dije “ni mierda”, uno no se puede negar lo que es ni pu’ el putas, porque al final del día siempre le va a salir. Cuando usted se toma unos tragos ahí sale el ‘gamín’ que tiene adentro.

 

Cuando empecé a hacer cine estaba hablando de otras cosas en mis cortos, yo no tocaba los temas de la calle, porque trataba como que nadie se enterara de dónde vengo. Hasta que dije “ni mierda, voy a escribir una película que hable un poco sobre la historia de mi vida”, que no es literal, pero sí es la historia mía de niño a los 12-13 años, con mi mejor amigo que era del barrio y cómo el man me fue metiendo, por así decirlo, en el gueto, en la vaina y en el rap.

 

Nosotros cometíamos cagadas de niños, empezamos a frecuentar puteaderos  para vender los celulares que nos robábamos, ¿sí me entiende?.

Con los pelados que yo trabajo se dedican a eso, como que no ha cambiado la historia.

 

Yo pensaba antes que donde yo vivía, Ciudadela Colsubsidio, Cortijo, Garcés Navas, Quirigua, Villas de Granada, todo ese espacio era un solo mundo. Y uno no sale de ahí. “–Mamá voy a salir” “-¿Para dónde va?” “–Voy pa’ Bachué”. Y uno se iba para allá, ‘gamineaba’, después hacía algo en Villas. Cuando a usted lo sacan de ahí y lo meten en una caja de pollos, ¿quién es usted?.

Usted apenas dice: “¿Cómo así que esto es así?” Porque ya nadie se comporta como se comportan tus amigos.

 

Por eso es tan complicado entrar, porque la gente jamás le va a perdonar a uno que siendo una persona que viene de abajo, se catapulte a ciertos sitios, eso nunca se lo va a perdonar la sociedad. Este país es sumamente burgués, aquí gustan mucho las historias burguesas, la historia del muchacho que la mamá no se toma las pastillas y entonces está enloqueciendo. Pero vaya usted y cuente lo que es un chino metiéndose a un puteadero o cómo es la vuelta de los niños que viven en las alcantarillas: “¿Qué está pasando acá?” “¡Eso es amarillismo!”.

 

Nadie quiere ver esa mierda, a nadie le importa. Por eso el rap no gusta. Por eso usted no le puede inyectar el rap a un marica o una marica estrato 7. “Pero ese rap tan grosero, ¿no hay rap conciencia?”. Y respeto a los que les gusta, hay canciones que me gustan, pero digo yo el Hip Hop es eso, el ‘Hip Hop Gang’, las cosas que pasan afuera en la calle, el rigor y con esas narraciones se identifican los pelados que están en la calle.

 

Por eso yo digo que las películas que yo hago son para personas que les gusta la calle, que conocen la vaina, no son ni pa’ burgueses ni pa’ ‘gomelos’, no me interesa. Porque no van a entender nunca. Lo que al ‘gomelo’ no le cabe en la cabeza, al resto sí.

Carlos Zapata. Fotografía de © Eagle Eyes.

¿Qué significó esa película para usted?

Para mí es emocionante porque me hizo abrir los ojos. Cuando usted entra a esta mierda está intentando impresionar a la gente del cine, para ver si lo reciben, lo adoptan, lo abrazan, lo meten en su seno. Cuando supera todas esas expectativas y entiende realmente cuál es el motor por el que hace cine, se libera de toda esa mierda.

 

En mi caso, la liberación fue con ‘Las Tetas’, porque en cierta medida yo sí estaba buscando una aceptación del medio para poder entrar en ese circuito de élite, de hijos de puta, que se creen los dueños de la palabra, del verbo y de la expresión.

 

Para mí, en este momento, yo hago cine por y para la gente del tres pa’ abajo. “Ay que esos maricas no tienen plata para comprar la boleta”, ¡me importa un culo! “Pirata, la suben a YouTube con esa calidad de mierda”, me importa un culo.

 

Para mí es un agradecimiento muy hijueputa que la gente del rap esté esperando la próxima película, porque dicen: “¿Quién sabe este man con qué va a llegar ahora?”. O el próximo videoclip, porque de alguna manera estoy siendo coherente con lo que quiero y a quienes les quiero mandar el mensaje.

Vídeoclip de ‘Las Tetas d’, canción oficial de la película.

¿Por qué se decide por la Crack Family para ser la banda sonora de la película?

A mí siempre me ha gustado el rap ñero, ‘gonorrea’ y ‘gangsta’. A pesar de que, por ejemplo, Jay M Vee que es muy buen amigo mío hace ‘rap conciencia’. Pero a mí me gusta el rap ‘gaminoso’, desde niño. La Etnnia era un rap ‘gaminoso’.

 

Cuando yo los escucho fue porque había una página de Hip Hop al Parque donde colocaban pequeños fragmentos de los grupos que se iban a presentar y en ese momento estaba la Crack Family, con un tema que se llama ‘The Game Is Over’. Yo escuché esa mierda y lo primero que pensé fue: “como para encontrarse a estos maricos en la calle”. Pero yo nunca había escuchado una letra de rap tan certera, daba miedo.

 

A mí me quedó eso. Y cuando escribí la película dije necesito que la amenice esa crudeza. Cada vez que me metía al Bronx, en alguna caseta, en un billar o en las rockolas, siempre estaba sonando Crack Family. La imagen con la música de fondo, todo se volvía peor de crudo.

 

Yo me acerco a la Crack y les propongo. Y las razones específicas son: uno porque ustedes tienen el público y nosotros queremos jalar público para la película, una relación de mercadeo clara. Y dos, porque me encantan. A mí me parece que lo que estaba haciendo Cejaz en su momento era increíble. Su poesía es clara, sincera, certera y tiene una magia especial que le falta a muchas personas que cantan y es distinta.

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Carlos Zapata. Fotografía de © Eagle Eyes.

¿Cómo es el proceso económico de hacer cine?

El cine es para gente con plata y para burgueses. Si quiere hacer buen cine cuesta plata. Una película como ‘Topos’ vale 1.800 millones, ‘Las Tetas’, más o menos, mil, o sea, vale plata. Es que es demasiado ambiguo, porque mientras usted está hablando de la calle se está gastando 1.800 millones. Por eso yo digo que esto es una gran mentira, esto del cine es una mentira absoluta. De las grandes mentiras del siglo XX y XXI es el cine.

 

Es una mentira porque usted viene con una cantidad de plata a hablar del dolor humano muchas veces y se la gasta en una mierda que queda metida en una película: “sí, lo que pasa es que esto es un referente y va a quedar para la historia”, sí, pero no seas marica, con 1.800 millones construyes unas casas para un montón de personas. Lo que uno hace es finalmente un acto muy egoísta.

 

¿Qué referentes tiene en el cine colombiano?

Para mí, ‘La Tierra y la Sombra’ es la mejor película que hay hasta el momento. Han hecho películas que han logrado llevar a festivales, que han sido nominadas, pero si somos sinceros, les ha faltado tocar las fibras y ahí incluyo lo que yo he hecho.

 

Pero para mí, la película, en lo personal, más importante que tiene este país se llama ‘La Vendedora de Rosas’. Porque ha logrado lo que ninguna otra película hasta el día de hoy y es generar esa recordación e inclusive tener personajes que se han quedado para todo el mundo en general. ¿Quién no se acuerda del Zarco? ¿Qué otra película colombiana ha logrado eso? Ninguna y menos con niños.

 

Es con el tiempo que uno se da cuenta qué película verdaderamente tiene un valor. La película gana a través del tiempo, no en el momento. Hay unas que se estrenan hoy, son un éxito taquillero pero en el tiempo se olvidan y hay otras que salen y se vuelven de culto. Que ‘La Vendedora de Rosas’, veinte años después, tenga el peso y la recordación que tiene, dice mucho.

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Escena de ‘Topos’. Cortesía de Carlos Zapata.

Hay más personas trabajando en largometrajes relacionados con el Hip Hop, como lo estaba haciendo Edwin Torres. ¿Lo conoció?

No lo conocía pero sabía que iba a hacer una película que tenía ver con el Hip Hop. Creo que se había ganado un premio para filmarla. No la logró, cada uno con sus tiempos. Trato de no indagar mucho al respecto.

 

Pero siento que sí es importante que haya más voces hablando de esto porque no las hay y he visto mucho ‘gomelo’ tratando de hacerlo y es brutalmente asqueroso, es completamente mentiroso. Gente tratando de hablar de lo que no conoce, haciendo investigaciones de cómo se comportan los ñeros, una vaina antropológica que mejor “deje así”.

 

¿Qué puede esperar el público de ‘Topos’?

Es una bomba. Esa película va a ser una bomba de tiempo, es una molotov para los ‘gomelos’. Para tirarla aquí.

 

Es una crítica a la ‘pornomiseria’. A esa burguesía que se inventó esa palabra. Porque yo entiendo muy bien que Luis Ospina y ellos, cuando crearon esa palabra, tenían que ver con los documentales del sobreprecio que vendían a Alemania y que cogían a ‘gamines’ y tenían una voz en ‘off’. Como es normal aquí en Colombia, la gente empieza a llamar así al cine que habla sobre habitantes de calle, o temas así.

 

Es una cuestión de estética, el hecho de no tener dinero no significa que usted sea un miserable, es completamente estético, de cómo luce el pobre y de cómo luce el rico. ¿Quién le dijo a usted que por no tener plata es un miserable? Es un atrevimiento por parte del burgués, es una grosería.

 

La película es un homenaje a la calle, a los niños en general, a esa niñez que se la ha robado toda esta gente, a su imaginación, a su libertad, a la calle misma, a la vida, a la muerte, a la resurrección, porque además es una película sobre la fantasía. Sí, tiene sus toques de realidad pero es un viaje en torno a eso.

Escena de ‘Topos’. Cortesía de Carlos Zapata.

¿Por qué el elegido para la musicalización de esta película es Realidad Mental?

Porque el ‘Reali‘ tiene una vaina muy interesante que tiene que ver: uno, con su pasado, dos, con su concepción de ser miserable. Cuando él define al miserable, lo hace por temas totalmente diferentes al ser estético.

 

Hay una escena de la película donde sale un resto de parche cantando ‘Miserable’ y es como tratando de decir: “mire cuántos miserables somos aquí en Colombia, estamos cantando, somos muchos”.

 

Para terminar, ¿cuál es su percepción del rap colombiano hoy?

Al rap hoy le están pasando cosas muy extrañas. Y es que cuando uno no se quiere como es, empieza a ser otra cosa que no es original, ni corresponde, ni pertenece, ni le queda bien. Eso es como cuando un ñero se quiere poner una Polo, o cuando el ‘gomelo’ se quiere ver como un ñero.

 

Siento que está pasando eso. Entonces los de Medellín ahora suenan como españoles, yo no he podido entender eso, con todo el respeto que se merecen. Y muchos de acá quieren hacer trap y quieren sonar como gringos o como puertorriqueños y la esencia del rap de acá también se puede vender. Crack Family lo demostró en su momento y Todo Copas también. Realidad Mental lo está demostrando hoy en día.

 

Lo de Nanpa Básico, chévere, pero tampoco corresponde a la movida ‘underground’, lo de él ya está dirigido a otros públicos, es sumamente ‘light’ por así decirlo. Canta muy bien, tiene una gran producción pero yo quiero ver un grupo de rap hacer eso mismo que está haciendo Nanpa. Crack Family lo tuvo, fue el dueño de los números, del ‘business’, ya no pero lo fueron en su momento, falta ver quién se apodera de ese lugar.

 

¿En qué situación veo al rap ahorita? Lo veo como una silla vacía, esperando quién se va a sentar ahí, así lo veo yo ahora. Había una magia especial con Crack Family, crearon algo interesante con respecto a la pandilla, la ‘ganga’, como lucían.

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