JACK HERER: UNA HISTORIA DE POLÍTICA Y MARIHUANA

Tomado de Cannabis Culture Awards

El 15 de abril de 2010 moría, a causa de complicaciones cardíacas, Jack Herer, el mayor activista por la legalización de la marihuana en Estados Unidos.

La prohibición de la marihuana promovida por los mismos Estados Unidos en los años 30 y que se inició en ese país con el Marihuana Taxt Act de 1937 no se fundamentó en razones médicas o científicas, sino que fue más bien una mezcla de racismo e intereses económicos. A inicios del siglo XX se dio la llegada de emigrantes mexicanos al oeste de Estados Unidos, a la par que en el sur nacía el jazz de la mano de la población negra de ese país. Tanto en las poblaciones latinas como afroamericanas, se fumaba –no de forma generalizada- marihuana. De aquí vienen los primeros reportes del consumo de marihuana en ese país, sin querer decir con ello que antes no existiera.

De hecho, Estados Unidos vivió un idilio con el cáñamo –planta de cannabis- y el Marihuana Taxt Act, que consistió en poner trabas burocráticas e impuestos demasiado elevados para desincentivar el cultivo de marihuana, fue el inicio de un proceso político y económico que terminó consolidándose en los años 60, cuando la clase media y los ‘baby boom’ –generación de norteamericanos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial– comenzaron a consumirla.

Aun así muchos desconocían la marihuana y el discurso del gobierno era contradictorio, pues mientras la sacaba de las farmacias y negaba su efecto medicinal, promovía su cultivo en medio de la Segunda Guerra Mundial. ‘Hemp for Victory’ (1942), algo así como ‘Cáñamo para la Victoria’, fue un vídeo ampliamente  difundido con el fin de motivar a los granjeros para que cultivaran marihuana, mostrándoles los usos que tenía ésta planta como combustible y reemplazante del papel.

 

Grandes grupos económicos asociados a la producción de mercancías derivadas del petróleo y la madera promovieron una campaña mediática que desinformaba sobre la marihuana y asociaba su efecto a la violencia, dejando ver un prejuicio patriarcal y racista que hasta el día de hoy domina una buena parte de la élite de Estados Unidos: “Cuando los negros, los latinos y, en general, los pobres usan drogas tememos que maten, roben y tomen a las mujeres blancas, así que las prohibiremos”.

También el cine fue un vehículo para transmitir esos prejuicios: películas como Reefer Madness (1937) se encargaron de asentar en la sociedad la relación marihuana-violencia, señalándola como causante de asesinatos y violaciones.

Cartel de la película ‘Reefer Madness’. Tomado de Cannasseur Magazine

Jack Herer era uno de esos gringos educados bajo el prejuicio del miedo a la marihuana, su formación política estaba orientada hacia la derecha más conservadora. De hecho, hacía parte del Partido Republicano –del que es miembro el hoy presidente de EE.UU., Donald Trump-. Sin embargo, hacia el año 1967 se muda de Nueva York a Los Ángeles y, allí, por invitación de una amiga fuma por primera vez marihuana a los 28 años.

Ese primer contacto hizo que Jack cambiará su percepción sobre el cannabis. A partir de allí inició un estudio riguroso de la historia de la marihuana que le permitió promover el activismo pro legalización ,junto a Ed Adders. Con él escribió la primera revista/comic dedicada a la marihuana. Se llamó G.R.A.S.S. (Great Revolutionary American Standard System).

Portada de la revista G.R.A.S.S.

Este fue el espacio para comunicar todo aquello que conocía sobre la marihuana, por ejemplo, que todos los productos que se fabrican a partir de los árboles y el petróleo se pueden hacer con cáñamo. O que la planta de cannabis se puede convertir en tejido y papel utilizando una fracción muy pequeña de los productos tóxicos que requieren el algodón y la madera.

Jack y Ed inauguran en 1979 la primera tienda de cáñamo en Benice, California, y comienzan a impulsar un movimiento que desafiaba en aquel momento a una institucionalidad gringa mucho más recelosa y reacia a la marihuana. Ronald Reagan, que para ese mismo año era gobernador de California, aseguró que “uno de los resultados inevitables del uso de la marihuana era el daño cerebral permanente” y unos diez años después Daryl Gates, jefe del Departamento de Policía de Los Ángeles, decía que “los fumones (potheads) deberían ser fusilados”.

En 1983, Jack Herer es condenado a prisión por un juez que se basó en una ley contra el sabotaje de la Segunda Guerra Mundial. Y allí, en medio de cuatro paredes, escribió ‘El Emperador está desnudo’: la historia de la marihuana, sus usos y también su prohibición, demostrando que ésta puede ser una alternativa ecológica que evite el daño ambiental que día a día realiza el capitalismo con sus métodos.

Una vez publicado el libro, en 1985, Jack desafió al mundo y puso una recompensa de 50.000 dólares a quien demostrara lo contrario. Nadie lo ha hecho.

Portada del libro ‘El Emperador está desnudo’.

Jack confrontó a quienes decían que la marihuana provocaba la muerte y tajantemente señaló: “Nadie ha muerto jamás a causa de la marihuana, a no ser que haya sido por el disparo de un policía”. El tabaco deja cerca de 6 millones de muertos anuales, según la OMS, de los que el 10% no son consumidores; el alcohol deja 3,3 millones. La marihuana no deja ninguna víctima.

La incansable lucha de Jack Herer apenas lo dejó cuidarse y una enfermedad cardíaca que tuvo su episodio más fuerte en septiembre de 2009 apenas lo dejó vivir siete meses más.

En 1995 la compañía holandesa Sensi Seed Bank lanzó en honor a él un híbrido índica/sativa. La cepa es el cruce de tres especies: Haze, Skun #1 y Northern Lights #5. La ‘Jack Herer’ ha sido una de las cepas de marihuana que más premios ha recibido en la historia, entre ellos once High Times Cannabis Cups.

Tomada de: Green Door West

Al ser predominantemente sativa, esta variedad se utiliza para calmar la ansiedad, el nerviosismo, la depresión y el estrés.

En Colombia nos llegó el tiempo de la legalización medicinal del cannabis, que de ningún modo permite consumirlo si no es procesado. Así que olvídense que van a encontrar moños de ‘punto rojo’ en la droguería. El movimiento cannabico colombiano ha conquistado grandes espacios culturales y ha trabajado fuertemente en borrar del imaginario social el mito perverso sobre la marihuana, contribuyendo a que fumarse un porro sea cada vez más común en cualquier parte del país. Pero no ha ganado nada políticamente.

El Decreto 2467 de 2015 no fue producto de un movimiento cannabico que luchaba por el reconocimiento de los fines medicinales de la planta, sino que fue iniciativa de un grupo de senadores colombianos encabezados por Juan Manuel Galán, un miembro de la clase política tradicional. La legalización de la marihuana en Colombia va orientada a generar un modelo de producción y consumo para que solamente las grandes empresas (nacionales o extranjeras) puedan cultivar, procesar y distribuir la marihuana, solo con fines medicinales.

Esto no resuelve ni ataca al narcotráfico, partiendo de que el 95% de los fumadores de cannabis, lo hacen recreativamente. Tampoco es una opción económica para los campesinos que en tierras lejanas cultivan marihuana, sino que acentúa la tendencia que viene predominando: extensas áreas en el departamento del Cauca son propiedad de holandeses, canadienses y gringos, en las que pobladores rurales e indígenas siembran una planta que aquí es ilegal, pero que los vecinos del Norte piden a toneladas.

La legalización del cannabis se debe articular a un proyecto político, logrando no sólo el reconocimiento de su consumo sino también garantizando la organización de los campesinos que la cultivan y siendo el Estado quien se encargue de suministrarla, a quienes no la quieran cultivar por su cuenta.

No olvidemos nunca las palabras y obra de Jack Herer, porque el cáñamo nos puede ayudar a evitar la tala de bosques y a reemplazar al petróleo que está devorando el medio ambiente.

Julián Roncancio Zambrano

Politólogo. Candidato a Especialista en Políticas Públicas para la Igualdad de América Latina.

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