FAT JOE EN BOGOTÁ: UNA CULTURA QUE NO SE VALORA CON CORAZÓN, SE DEVALÚA EN DINERO

Es difícil pensar que a un artista de la talla de Fat Joe, se le pueda ofrecer tan poca asistencia y tan gran desatención. Se dice que somos una de las escenas más grandes y pujantes del continente. Entonces, ¿los hip-hoppers dónde están?

Tomada de: Galería Diáspora 15-20

Eran las 11:00 pm y en el Teatro Metropol no había ni 300 personas, sumando General y V.I.P. Ya había tocado Dj Fresh y Dj Cas seguía animando la fiesta con los mejores clásicos. A su lado, XL Murphy Brown intentaba sacarle con el micrófono energía a un disperso y pasivo público, que parecía no saber quién era el que iba a pisar la tarima en unas horas: una leyenda latina; un rapero de 45 años que tiene sobre su espalda 12 álbumes de estudio, y bastantes giras donde lo han aclamado y donde ha dejado en alto el nombre de Latinoamérica; un miembro del legendario grupo Terror Squad y pupilo protegido del fallecido Big Pun.

Para Jose Antonio Cartagena, el ‘Don Cartagena’, Colombia significa bastante, pues aparte de haber conocido bastantes inmigrantes colombianos en su vida neoyorquina, tiene una esposa colombiana. Pero a Colombia, o por lo menos a Bogotá, pareció no importarle mucho Fat Joe. Aún se desconoce si fue falta de difusión, o una boleta difícil de pagar por su precio: el punto es que los organizadores se vieron obligados a reunir al público general y al V.I.P. en una misma localidad, para que al menos se notara un pequeño tumulto. Salió Toppo Mental a dar su show junto a XL Murphy Brown y un gran percusionista, y el clima del evento parecía mejorar. A su presentación se sumaron tres artistas (una mujer y dos hombres, uno en silla de ruedas), que expusieron lo mejor de su improvisación.

Tomada de: Galería Diáspora 15-20

Pero se llegó la hora de Joey Crack, del ‘gordo’, y el público no superó las 400 personas. ¡Qué vergüenza! Suponemos que se le avisó a Joe el público escaso con el que se enfrentaría y él nos dio lo que merecíamos: un show de, por mucho, 50 minutos, en el que no cantó una canción completa y no se esforzó mucho gracias a los refuerzos de su colega. Nos revivió, eso sí, viejas épocas de oro del rap latino, con canciones como ‘Lean Back’, ‘My Lifestyle’, ‘¿What’s Luv?’ y ‘Make It Rain’, e incluso le pidió a su dj que pusiera una canción colombiana que confesó llevar en el corazón: ‘El Preso’ de Fruko y sus Tesos. Ahí todo fue alegría y orgullo, pero duraron poco. Se acabó el show y pasó desapercibido para muchos. Los que fuimos preferimos no hablar mucho del tema. Al final, Fat Joe sostuvo una vez más la fama que ha construido en New York y el mundo: su humildad, sui generis, de salir por la calle luego de fiestas y conciertos, dejarse abordar por los fans, subirse al vehículo con poco personal de seguridad e irse.

Tomada de: Galería Diáspora 15-20

No se puede culpar a los organizadores por esto. Nos tenemos que culpar todos. Pisarnos la manguera durante años para hacer eventos por aquí y por allá, dividiendo a la escena y sus bolsillos, nos ha traído esto: que no se valore con el corazón lo que es el hip-hop, independiente de si viene del Bronx de New York o del Bronx de la localidad de Mártires. Y si no se valora con el corazón y la mente el trabajo de miles de personas para que el hip-hop al menos sobreviva, pues se devaluará en dinero lo que vale un artista como este en Bogotá. Reflexionemos, es hora del respeto y la dignidad. El hip-hop viene de la calle pero hace mucho pisó la alfombra roja.

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