ESTEBAN, UN RAPERO DE LAS FARC

“Y allá, en mi España, mis amigos y mis enemigos decían que no soy un político, que no tengo temperamento de tal, y menos todavía de revolucionario, que debería consagrarme a escribir poemas y novelas y dejarme de políticas. ¡Como si hacer política fuese otra cosa que escribir poemas y como si escribir poemas no fuese otra manera de hacer política!”

Miguel de Unamuno.

Fotografía por Julián Roncancio

Fueron más de 24 horas de viaje, desde la fría Bogotá, al desconocido y mítico Yarí. Desde que llegamos a Florencia nuestra manera de vestir fácilmente llamó la atención. Entre más nos alejábamos de la capital menos conocidas eran nuestras gorras planas.

San Vicente del Caguán, nos recibió con una ola de calor. Mis dreadlocks, acostumbrados a ser abrigo en días fríos, ahora se hacían casi insoportables. Allí nos esperaba, en un pequeño hotel cercano al centro, Don Alberto, un contacto hecho hacía apenas unos días antes del viaje que prometía un transporte a precio razonable que nos llevarían hasta el Diamante, lugar elegido por las FARC-EP para realizar su última conferencia, la Décima.

Eran las 3 de la tarde cuando nos subimos a la chiva –la segunda que salía ese día- y el viaje, según promediábamos por los comentarios de los lugareños duraría menos de cuatro horas. Mentira. Fueron algo más de siete horas sentados a media nalga en las incómodas sillas de madera de aquel viejo bus convertido en chiva. El espaldar daba apenas a la mitad, así que era muy difícil intentar dormir. Seguro que funcionan para buena parte del país, olvidado, sin carreteras, inundado de trochas como ríos por donde se mueven hombres y mujeres.

Fotografía por Julián Roncancio

La ansiedad se hacía más grande a medida que pasaba el tiempo. Oscurecía y por aquella trocha en medio de la llanura, no se veía el mínimo rastro de asentamientos humanos. El primer anillo de vigilancia nos dio tranquilidad, apenas pudimos ver dos guerrilleras que aprobaban nuestro ingreso. Por fin llegamos.

La recepción estaba llena de emoción, por lo menos para Edisson y para mí, el equipo de Diáspora 15-20 que iba a cubrir la X Conferencia Nacional Guerrillera. El momento histórico del paso de una organización armada que llevaba más de cincuenta años combatiendo al Estado colombiano a la legalidad de la política sin armas.

Teníamos que estar allá, el paso de la guerrilla más antigua del planeta a ser partido político era un hecho histórico, imperdible. De concretarse y ser definitivo tendríamos por primera vez en nuestro país desde la muerte de Simón Bolívar, un escenario político donde la violencia sería un factor mínimo, solo a la espera de que el ELN también concretara un acuerdo de paz.

Fotografía por Julián Roncancio

Nos quedaríamos en una caleta guerrillera, así lo escogimos cuando nos inscribimos un mes atrás dentro de una convocatoria a medios que hizo el Equipo de Prensa de las FARC-EP. No sabíamos cómo sería y la preocupación de dormir incómodos pronto pasó cuando vimos lo que nos tenían preparado.

Divididas por polisombra verde había más de 150 caletas, cubiertas por un techo de plástico negro a modo de invernadero. Cada caleta estaba construida con una base de madera, tenía una capa de hojarasca y una colchoneta dotada de cobijas y cubierta por un toldillo que protegía de los insectos.

Íbamos porque teníamos la esperanza de encontrar algo que tuviera que ver con el rap: no de gratis éramos el único medio de Hip Hop que estaba en el Yarí; el resto eran CNN, Deutsche Welle, The New York Times, The Guardian, El Tiempo, Caracol y una infinidad de medios tanto grandes como pequeños, oficiales como alternativos. RCN infaltable, demostrando con cada intervención, con cada pregunta en las ruedas de prensa que lo de ellos no es el periodismo sino la publicidad política pagada de la extrema derecha.

Un día, Edisson llegó con la noticia: Había un rapero del  Bloque Oriental, en algún lugar del complejo en donde se desarrollaba la Conferencia.

Fotografía por Julián Roncancio

Hablamos con él esa misma noche, recién se bajó de la tarima destinada para las presentaciones musicales que se daban a diario. Su voz es tranquila y calmada, es joven aún, tal vez unos 25 años.Tez negra, viene de Cali. Llegó a la guerrilla a temprana edad, no lo llevaron a la fuerza, no lo obligaron. Él quiso ir y hoy día, como la gran parte de las y los guerrilleros, irán donde las FARC-EP les orienten que deben ir.

Vivió en Siloé, de esos barrios calientes no sólo por el clima, donde la policía no llega o está pagada y la muerte ronda a diario. Un gueto. Allí vivió la exclusión, el hambre, la violencia, vio también a la guerrilla, se fue con ellos, con la plena intención de cambiar todo, lo que vivía, se fue a las FARC-EP con la esperanza de un mundo mejor, lo siente así.

Como a muchos hombres y mujeres de esta guerrilla le ha quedado una secuela en su cuerpo, un recuerdo de la guerra. Su muñeca es testigo de una noche oscura donde fueron atacados por sorpresa, el Ejército disparaba, sintió el calor apoderarse de su mano izquierda e inútilmente trató de moverla, vio heridos a sus compañeros, huyeron y la espesa manigua le salvó la vida.

Fotografía por Julián Roncancio

Varias noches lo vi cantar, invitado por Skampida, Alerta Kamarada y otros grupos a la tarima. No se amilanó con un escenario y un sonido que nada tenía que envidiarle al dispuesto para Hip Hop al Parque. Respondió al reto y se ha convertido en uno de los orgullos artísticos de la guerrillerada.

Cansado tal vez de las mismas preguntas que los periodistas le hacían una y otra vez, me dijo una noche al bajar de la tarima:

-Mi vida es la misma que viven ustedes. Gozamos, reímos, gritamos y lloramos, esa es la vida.

Tiene ansias de ver qué ocurre luego de la firma del Acuerdo, espera iniciar una carrera en la música, que quienes lo escuchen no sean sólo miembros de la guerrilla sino cualquier colombiano. Entiende a la perfección el efecto de la música:

-De la voz de uno depende el ánimo y la energía de muchas personas. Porque si uno da una voz de aliento el caído se levanta, el triste se alegra y el que llora calma el llanto.

Repitió un estribillo de ‘Quieren’ de Vico C, su influencia musical más cercana en el rap. Canta boleros también, es versátil y le gusta explorar sonidos: vallenato, salsa, lo hace con destreza. Otro hijo del rap, del Hip Hop, la diáspora que llega hasta la selva y parece no tener lugar vedado.

Fotografía por Julián Roncancio

Hay muchos músicos en las FARC-EP, algunos más desenvueltos y profesionales, otros que apenas inician y guardan aún la pena de presentarse en público.

El último día de la Conferencia, Esteban vistió una camiseta ancha naranja en la que se leía FARC-EP, orgulloso de su identidad y de su organización. Justo en el cierre del evento fue invitado a cantar por Javier Fonseca y Pablo Araoz, miembros de Alerta Kamarada, teniendo tiempo  no sólo de combinar sus letras con ellos, sino también de presentar en solitario las letras que ha escrito durante la difícil vida de la guerra.

Jaime Bateman decía: ‘el amor es la certeza de la vida, es la sensación de la inmortalidad’, profeta. Necesitamos esa certeza para nuestros tiempos, para reconciliarnos, para garantizar que nunca más pensar diferente sea una sentencia de muerte ni una razón obligatoria para acudir a la violencia. Vi tanto en Esteban como en los diferentes hombres y mujeres que conocí de las FARC-EP, un deseo sincero de paz, de pasar a conformar un partido político, de jugársela por la vía democrática para construir su proyecto político.

Fotografía por Horus Déclencher

Hace unas semanas estuve en Icononzo, Tolima, una de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización -lugar donde las FARC estarán concentradas durante la dejación de armas y su tránsito a la vida civil- que más retrasos e incumplimientos tiene. Allí estaba Esteban, guerrillero del Bloque Oriental. Con el cabello suelto y su infaltable gorra naranja.

Esta fue una nueva oportunidad para verlo cantar. Para escuchar su progreso, un nuevo día para charlar sobre la búsqueda de nuevos sonidos, de una posible presentación en Bogotá, de proyectos con músicos conocidos. Y tuvo una nueva oportunidad para cantar frente a nosotros, demostrando su versatilidad pero también su amor al rap. Ahí está Esteban, un rapero de las FARC.

Julián Roncancio Zambrano

Politólogo. Candidato a Especialista en Políticas Públicas para la Igualdad de América Latina.

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