DANCEHALL EN BOGOTÁ: RESIGNIFICACIONES Y DIÁLOGO INTERCULTURAL EN UNA ACADEMIA DE DANCEHALL

Fragmento del trabajo de investigación de dos estudiantes de Antropología de la Universidad Nacional de Colombia. Daniel Riveros y William Jiménez.

Integrantes del ‘Madshot Crew,’ en una presentación en el bar bogotano ‘Mr. Reggae’

“(…) La investigación está enfocada en una expresión cultural afro en Bogotá, en este caso el dancehall, no solo como música y baile sino como expresión de la cultura jamaiquina. Esta se llevó a cabo principalmente en la Academia ‘Dancehall Class Colombia’ y en diferentes lugares que son conocidos por albergar la rumba dancehall en Bogotá. (…)Si bien la asociación de la gente negra con esclavitud fue una experiencia de la Edad Moderna, ya existía desde la Edad Antigua una relación de lo negro con la oscuridad en el marco de la tradición de pensamiento judeo-cristiana, que se basaba en categorías binarias tomando como punto de partida el día y la noche, luz y oscuridad, Cristo y Satanás.

(…)Por otro lado, el término de ‘afrocolombianos’ y/o ‘afrodescendientes’ surge de un proceso de descolonización, de la conexión con un pasado africano y con los descendientes de africanos en América. Se da en el marco de debates académicos y sociales, y se vuelve el término políticamente correcto, aunque en la cotidianidad la que compartimos hayamos visto que se use más el término de ‘negros’ o ‘gente negra’ que el de ‘afrodescendientes’. Esto también está ligado a los diferentes procesos de identidad y procesos políticos llevados por las diferentes personas. (…)De acuerdo con Donna P. Hope y lo que nos ha relatado Lina, el dancehall surge de la música reggae en Jamaica, hacia finales de los años setenta y comienzo de los ochenta del pasado siglo. Más específicamente en los guetos y barrios bajos del centro de Kingston, donde se celebraban fiestas juveniles en los llamados ‘Dance Halls’ o salones de baile (los mismos lugares que décadas antes verían nacer al ska y la cultura ‘rude boy’), en los cuales se reproducían los últimos hits de la escena musical jamaiquina por parte de los ‘sound systems’.

‘Soundsystem’ de los años cincuenta

Proviene musicalmente del llamado ‘roots reggae’, así como de los antecesores de este: el ska y el rocksteady. Se caracteriza por ritmos más rápidos, una creciente presencia de sintetizadores y el cambio de temáticas de las letras: desde denuncias sociales, exaltación de lo nacional y referencias a la cultura y religiosidad rastafari, hacia el baile, la sexualidad y la violencia; lo que se ha denominado ‘slack lyrics’ (Barrow & Dalton, 1997; Thompson, 2002; Hope, 2006). Algunos autores ven en estos cambios de temas generales y contextos del roots reggae y el dancehall una influencia muy importante a nivel político y social, ya que durante finales de los setentas y durante todos los ochentas, la isla vivió cambios profundos en su configuración socio-política. Como por ejemplo el cambio de un gobierno socialdemócrata, el de Michael Manley (1972-1980), a uno eminentemente conservador, el de Edward Seaga (1980-1989), durante el cual se implementaron políticas de corte neoliberal y una apertura económica hacia los Estados Unidos, las cuales empeoraron la situación económica del país, lo que redundó en un mayor empobrecimiento de las clases bajas y de la violencia en los espacios a los que ellas han sido expulsadas. Así mismo, la influencia norteamericana aumentaría de forma exponencial, generando así una ‘cultura de masas negra’ a nivel mundial, en la que se comparten innumerables rasgos como los estilos de ropa, la forma de moverse y caminar, ciertas dinámicas grupales, valores, etc. (…)Posteriormente hacia 1985, la música toma un giro particular: se reemplazan todos los instrumentos por la consola y el sintetizador, combinando con la creación de remixes de viejas grabaciones que dan como resultado la aparición del ‘raggamuffin’ o ‘digital dancehall’, un subgénero muy popular hasta la actualidad que se aleja ya de las raíces rurales de la música jamaiquina y representa la total urbanización y la gran influencia del mercado.

(…)Decidimos realizar la investigación de una expresión cultural afro en Bogotá, enfocándonos en principio en la danza. (…)De esta forma, asistimos a la academia de baile ‘Dancehall Class Colombia’ ubicada en la calle 57 con Avenida Caracas; la primera academia de dancehall en Bogotá. Esta es fácilmente reconocible, debido a que en la mitad de las ventanas del salón se observa una bandera de Jamaica, distinguible desde la estación de Transmilenio e incluso desde la otra acera. Llegamos un sábado después de la una de la tarde y estaban en medio de una práctica de la ‘Madshot Crew’, que es el grupo más avanzado de bailarines. (…)En este espacio se encuentran dos imágenes de ‘Mr. Wacky’ o ‘Bogle’, referente máximo en la historia del dancehall puesto que fue el que inició el baile, estandarizando los primeros 22 pasos, que lo hacen ser recordado como uno de los más grandes bailarines. Además se encuentra una tablita de traducciones de frases y palabras del ‘patois’, lengua criolla jamaiquina, al  inglés.

Tabla de traducciones y retrato de ‘Mr. Wacky’.

(…)Lina explica a las participantes el nombre de la serie de pasos que van a realizar, y asume una posición de rodillas un poco flexionadas, mirada fija al frente, con poder y movimientos de todo el cuerpo, que entran en concordancia con la música y el bajo, va desarrollando cada movimiento con confianza y una concentración que se nota en su mirada, siempre fija. (…)Aquí es interesante ver cómo el movimiento es de todo el cuerpo: pies, cabeza, caderas, brazos; el movimiento y el ritmo van marcados por el bajo. Lina nos contaba que en Kingston los ‘sound systems’ son realmente grandes y el bajo es tan fuerte que le mueve el cabello con su retumbar. Ella entonces comienza a analizar el movimiento de cada una de sus alumnas, una por una y de manera personalizada les enseña a poner el cuerpo, a producirlo, poniéndose en muchas ocasiones de frente a la otra persona para que esta copie sus movimientos. El dancehall es un baile agresivo y a la vez sensual, que expresa en gran medida la cultura del gueto jamaiquino: lugar de violencia generalizada en el cual surgieron personajes como ‘Bogle’, quien aparecía con ‘chuzos’ en su indumentaria, como expresando “Que nadie se me acerque”, ya que en estos contextos eran comunes los asesinatos por puñaladas en medio de la pista de baile. Esto se ve reflejado también en los movimientos, que muchas veces son amplios y extienden el cuerpo en gran medida, sobre todo en el caso de los hombres, como abriéndose un espacio a la fuerza entre la multitud de la fiesta. Igualmente podemos ver también que muchos movimientos son explícitamente emulaciones y/o representaciones de lo que es el uso de armas de fuego. En cuanto a los movimientos de hombres y mujeres, existe una diferencia marcada por el género: para las mujeres está el movimiento básico del ‘wine’, que es el movimiento de las caderas; y para los hombres el ‘wave’, que es el movimiento del tronco, simulando el movimiento de las olas. No obstante, el hecho de que los hombres no muevan las caderas no aparece desde el principio del baile, puesto que en el ‘old school dancehall’ los cuerpos masculinizados al igual que los feminizados movían las caderas por igual. A partir del ‘middle school’ se empiezan a reducir los movimientos de cadera de los hombres, y ya en el ‘new school’ no se observan.

Hombres de la ‘Madshot Crew’ bailando en el bar Mr. Reggae

(…)No solo se manifiestan cuestiones de género y sexualidades por medio del baile, también cuestiones raciales de discriminación, revalorización y resignificación de lo negro y de los prejuicios atribuidos a ciertas personas por su fenotipo y lugar de origen. Ocurre una discriminación positiva hacia la gente negra como que es ‘mejor para el baile, porque lo lleva en la sangre’, ‘porque por su sangre corre el flow’ y además les palpita en algún lugar de sus adentros el movimiento, de manera innata. Es curioso cómo se reinterpretan y resignifican prejuicios que a lo largo del tiempo fueron usados para menospreciar y justificar una supuesta inferioridad del negro: ahora ser negro es un orgullo, e incluso ‘está de moda’, por dinámicas del mercado y el consumo. Es frecuente que se exprese que ‘el negro baila mejor, porque es más pasional’, porque ‘siente más y más hondo’, y el baile debe sentirse y vivirse para hacerlo bien.

(…)Hemos visto cómo a través del baile se canalizan y expresan tensiones raciales y problemáticas de género. Pero también queremos destacar cómo el cuerpo, visto con toda la complejidad del contexto donde nace, se construye y deconstruye, actúa, interpreta y es reinterpretado, es el punto de encuentro definitivo entre lo subjetivo y lo objetivo, el sentimiento y el pensamiento, el tiempo y el espacio: es, a fin de cuentas, toda una serie de universos convergentes, conflictivos, contradictorios y complementarios. Es por eso que también debemos repensarlo como el lugar primigenio de resistencia, el más vasto espacio reflexivo a nuestro alcance, y nuestra principal herramienta de análisis y transformación de la realidad.

Celebramos la iniciativa de la academia de difundir la cultura de Jamaica para que las personas sepan y estén contextualizadas acerca del baile y la música que se ha popularizado tanto en la actualidad en la ciudad y que no se sigan repitiendo los fenómenos de cosificación y  mercantilización indiscriminada e inequitativa de este ‘lifestyle’.”

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